Mercedes: otra beba fallecida por mala praxis en hospital Dubarry, y sospechas de adulteración de historia clínica
En la ciudad bonaerense de Mercedes, el sistema de salud vuelve a provocar la muerte de otro bebé. Un nuevo testimonio denuncia lo que la familia describe como negligencia médica, abandono y violencia obstétrica en el Hospital Blas L. Dubarry, el principal hospital público de la región.
El relato, difundido recientemente por Agustina Chaves, madre de una bebé fallecida, expone una vez más la cadena de decisiones médicas cuestionadas, falta de explicaciones e irregularidades en la documentación clínica. Pero, sobre todo, plantea una pregunta que resuena con crudeza: si realmente se hizo todo lo posible para salvar una vida que nació con latidos.
Según el testimonio, todo comenzó la noche del 18 de diciembre, cuando la mujer, embarazada de 26 semanas, sufrió pérdidas y acudió a la guardia del Dubarry.
Al llegar, el sangrado había cesado y las ecografías confirmaron que el bebé tenía latidos normales. Sin embargo, la paciente asegura que nunca recibió explicaciones claras sobre el origen del sangrado.
Ante los antecedentes de su embarazo, la familia solicitó el traslado al Hospital Posadas, donde llevaba su control médico. Pero, según el relato, el traslado nunca fue gestionado.
De acuerdo con su testimonio, el personal del hospital habría indicado que no podían comunicarse con ese centro de salud y que, si querían continuar la atención allí, debían trasladarse por sus propios medios.
“Nos dijeron que en el traslado podía pasar cualquier cosa”, relata.
Ante el miedo y la incertidumbre, decidió quedarse en el Dubarry.
“Hoy sé que fue la peor decisión de mi vida”, escribió.
Horas después fue internada y una obstetra —cuyo nombre afirma que nunca le informaron— indicó una cesárea, pese a que el embarazo cursaba apenas 26 semanas.
La cesárea se realizó en el Dubarry, un hospital que no cuenta con el nivel de complejidad necesario para la atención de prematuros extremos, a pesar de que publicita lo contrario.
La bebé nació con latidos. Nació viva. Pero, según la madre, la neonatóloga que recibió a la recién nacida no realizó maniobras de reanimación efectivas.
En la documentación oficial, la causa de muerte consignada fue paro cardíaco.
Sin embargo, la madre afirma que la bebé nunca fue intubada ni estabilizada.
Posteriormente —según relata— le informaron que no llegó a intubarse porque falleció antes de poder hacerlo.
La explicación abrió interrogantes inevitables: ¿Cuánto tiempo transcurrió antes de intentar intubarla?, ¿Por qué no se actuó inmediatamente?, ¿Se hicieron realmente todas las maniobras necesarias?
“Mi hija no recibió una oportunidad real de vivir”, afirma.
Tras el fallecimiento, la familia detectó graves inconsistencias en la documentación médica.
Según el testimonio: figura como receptor del nacimiento un profesional que la madre asegura no haber visto nunca, no consta el nombre de la obstetra que realizó la cesárea y aparece registrada otra profesional que no participó del procedimiento.
La madre se pregunta si esas irregularidades podrían responder a un intento de “diluir responsabilidades”.
A esto se suma otro dato inquietante: durante la cirugía, pese a haber firmado previamente el consentimiento informado, le volvieron a preguntar si deseaba continuar con la operación argumentando que “el bebé era muy pequeño y podía pasar cualquier cosa”.
Días después le informaron que la cesárea se habría realizado por un supuesto desprendimiento de placenta, diagnóstico que —según afirma— nunca fue comunicado esa noche ni a ella ni a su familia.
En los últimos años, el Hospital Blas L. Dubarry, ya usurpado por La Cámpora y utilizado como banco de trabajo para militantes del intendente Juan Ustarroz, ha sido escenario de múltiples denuncias por mala praxis y fallas graves en la atención médica.
Esta denuncia, sumada a otras historias difundidas, alimentan una sensación que muchos vecinos de Mercedes repiten con resignación: que los errores médicos rara vez tienen consecuencias.
Porque en medicina los errores pueden ocurrir. Lo que no debería ocurrir es la ausencia de explicaciones.
La madre que hizo público el relato reconoce que probablemente nunca obtenga respuestas.
“Sé que tal vez no obtenga justicia. Sé que este caso puede quedar impune”, escribió.
Pero decidió contar su historia por una sola razón:
“Que al menos genere vergüenza. Que alguien, aunque sea por un instante, se haga cargo de lo que no hizo. Porque no solo perdí a mi hija. Me dejaron marcada para siempre.”
