Falleció en Hospital Dubarry mientras el personal militaba; no la diagnosticaron hasta llegar a cáncer etapa 4
Otro nuevo caso de presunta mala praxis ocurrido en el Hospital Blas Dubarry de la ciudad bonaerense de Mercedes destruyó a una familia al llevarse la vida de una madre de tres hijos de 48 años. Su esposo, Pablo Martínez, todavía no sabe cómo explicarle a su hijo de 11 años el fallecimiento de su madre. Mientras ella moría, el personal del hospital militaba y se sacaba fotos en la Plaza San Martín.
Jacqueline comenzó con dolores abdominales en junio de 2025. Inicialmente, los médicos creyeron que la causa del problema era ginecológica, vinculada al útero o los ovarios. No fue hasta agosto que en el hospital solicitaron una resonancia de alta definición para dar con el diagnóstico correcto, que finalmente llegó en septiembre, por la fuerza, tras un colapso general que la llevó al quirófano, cuando la mujer ya padecía un cáncer de colon avanzado en etapa 4. El tratamiento con quimioterapia recién se inició en noviembre.
Cuenta su esposo que, cuando se solicitó la resonancia para llegar al diagnóstico, el sistema de salud pública bonaerense no le ofreció el estudio y, en su lugar, la enviaron a Capital Federal, a un centro donde el examen nunca podía realizarse debido al mal funcionamiento del resonador. Martínez relata que, de manera privada, el estudio costaba $1.200.000, una suma que no podía afrontar. Pidió ayuda al intendente Juan Ustarroz, pero no obtuvo respuesta, hasta que su búsqueda desesperada lo llevó al centro de salud privado TESLA, ubicado en Moreno, donde el estudio tenía un costo menor. Sin embargo, cuando avisó al hospital que ya podía realizarlo, simplemente no le respondieron para proceder.
Por esto, el cáncer de colon en etapa 4 fue diagnosticado recién en septiembre, cuando Jacqueline sufrió un colapso orgánico general que la llevó al quirófano, tras lo cual el diagnóstico llegó a través de una biopsia. La ignorancia de los médicos sobre el cuadro era tal que, para una paciente oncológica, se había dispuesto la intervención de un cirujano ginecológico que debió ser reemplazado en medio de la cirugía. Martinez aclara agradecido que a pesar de todas las irregularidades, ese día salvaron la vida de su mujer. La quimioterapia se inició en noviembre o diciembre, no lo recuerdo con exactitud.
El lunes de la semana pasada, Jacqueline sufría dolores tan intensos que, ante la tardanza de la ambulancia, que nunca llegaba, su esposo la llevó al hospital con ayuda de un vecino. Allí le suministraron morfina y le dieron el alta.
Al día siguiente, los dolores se repitieron con la misma intensidad, generando una nueva visita al hospital. Para esa instancia, Martínez había notado que la bolsa de colostomía de su esposa estaba vacía. Fue él mismo quien sugirió el diagnóstico al médico de guardia: una obstrucción, que luego fue confirmada por el Dr. Marino. Jacqueline quedó internada y a su esposo lo echaron del nosocomio; no podía quedarse.
El miércoles, a la 1:30 de la madrugada, recibió el llamado fatal: su esposa había fallecido. Un médico del hospital le dijo a Martinez que “ni bien avisaron del fallecimiento, bajó al tercer piso a intentar reanimar a la paciente pero era tarde”. Así fue como Martinez supo que en el tercer piso del hospital no había ningún médico de guardia. Y es que ese día el personal había abandonado sus puestos para militar feminismo en Plaza San Martín.
Cuenta Martínez que casi debió agarrarse a trompadas con los médicos para que lo dejaran ver a su difunta esposa. También debió insultar al director adjunto Martín Avalle ante la negativa de entregarle un resumen de historia clínica para tramitar el certificado de defunción.
El certificado emitido por el hospital señala como causa de muerte “paro cardíaco y falla multiorgánica”, aunque sin especificar el motivo de la falla multiorgánica.
La muerte de Jacqueline se suma a una importante serie de fallecimientos por mala praxis, negligencias e irregularidades en la atención del nosocomio regional.

