Tras inundar Mercedes de cocaína, intendente Juan Ustarroz intenta despegarse con operativos preelectorales
Desde hace más de una década, Mercedes vive un drama silencioso: la expansión de la cocaína entre sus jóvenes, con un mercado protegido por la Policía Bonaerense y por autoridades políticas. Lo que comenzó como un problema marginal se transformó en un flagelo estructural que destroza familias, incrementa la inseguridad y anula las perspectivas de futuro de toda una generación.
El intendente Juan Ignacio Ustarroz, hermano de crianza de Wado de Pedro y figura clave de La Cámpora, carga con un historial marcado por escándalos vinculados al consumo. Los episodios son recordados en la ciudad: choques bajo los efectos de la droga, uno contra una pinturería y otro frente a la sede local de ANSES. Así, hoy pretende reinventarse con operativos de prensa “anti-narcotráfico” que no son otra cosa que shows preelectorales. Se golpea al narcomenudeo, se sacan fotos con pequeñas incautaciones que son mostradas por medios amigos mientras los grandes traficantes siguen blindados, en muchos casos ocupando cargos públicos, como el narco militante camporista “Chiro” Zeballos, acomodado estratégicamente para interactuar con sectores vulnerables más predispuestos a caer en adicciones.
Los operativos mediáticos para lavar la imagen de autoridades locales asociadas a la cocaína no son nuevos. Hasta 2021, los medios locales intentaban ignorar esta sustancia y, en su lugar, mostraban operativos contra cultivadores de cannabis, una práctica que sólo cesó al ser denunciada por este blog y tras las ridiculizaciones y reproches de vecinos que advirtieron las verdaderas intenciones de la prensa.
Mercedes, para muchos de sus propios habitantes, se ha convertido en un “paraíso de la cocaína”. La connivencia es tan grotesca que, en enero, este mismo blog denunció un punto de venta instalado estratégicamente frente a un centro de rehabilitación en calles 33 y 14, frecuentado por empleados públicos. Poco después, el cabecilla de esa red, identificado como Juan Cruz (“Cata”), fue brevemente detenido: la policía le quitó la droga y lo liberó, en una práctica habitual que garantiza la continuidad del negocio.
En Mercedes, además, el daño por consumo de cocaína se potencia con el plan sistemático del gobierno municipal que consiste en dificultar el acceso de niños a las proteínas: un combo letal para la salud mental que ya dejó su marca en la ciudad y truncó el correcto desarrollo cerebral de muchos niños y jóvenes, incluso de aquellos que lograron mantenerse al margen del mercado de las drogas, pero no de los gerentes de la pobreza.