agosto 31, 2025

Mercedes: Corrupción en obras, suciedad y tala indiscriminada aumentan riesgo de inundaciones

En lugar de planificar y proteger a los vecinos, el gobierno de la ciudad bonaerense de Mercedes ha construido un escenario perfecto para el desastre: obras públicas mal hechas que se desmoronan con la primera lluvia, cloacas que colapsan sin necesidad de tormentas, cañerías que revientan y hasta vehículos tragados por hundimientos de la vía pública. Mercedes es hoy un ejemplo de cómo la desidia estatal multiplica el impacto de cada temporal.

Uno de los capítulos más escandalosos de esta irresponsabilidad es la campaña de deforestación urbana que la Municipalidad lleva adelante desde hace años sin dar explicación alguna. Vecinos llevan tiempo advirtiendo que los árboles no solo embellecen la ciudad: cumplen un rol esencial como barrera natural contra inundaciones, absorben agua, filtran aire, moderan el calor y aíslan hogares del frío.

Pese a ello, municipales talaron toda la ciudad y en agosto de 2024, el municipio arrasó hasta con el histórico predio de “El Bosquecito”, en calles 9 y 24, para construir —en un acto de cinismo brutal— un colegio donde se enseñan materias de medio ambiente. La contradicción no solo es grotesca: es también un recordatorio de que la gestión actual destruye sin importar el costo social o ambiental.

Ya en 2021, un grupo de vecinas intentó frenar esta política absurda acudiendo a la Justicia Federal. Como suele ocurrir, fueron ignoradas. Hasta el Ginkgo Biloba de la Plaza San Martin sucumbió ante la voracidad municipal.

A la deforestación se suma la suciedad crónica. Montañas de basura y mugre permanecen semanas —incluso meses— sin ser retiradas por el municipio, tapando bocas de tormenta y sistemas de desagüe. A pesar de que los vecinos denuncian y reportan constantemente, la Municipalidad se muestra indiferente. La colaboración ciudadana existe; la acción del gobierno, no.

En lugar de prevenir, el intendente Juan Ustarroz parece haber encontrado un método perverso de aprovechar la desgracia. Cada inundación le abre la puerta a nuevos operativos de “caridad” y reparto de productos a damnificados, montados con despliegue mediático. Se lucra políticamente con la tragedia que él mismo contribuye a generar.