Mercedes: engaño de Juan Ustarroz para exhibir un premio de “Ciudad del Árbol” pese a la deforestación y contaminación

En los últimos días, la Municipalidad de la ciudad bonaerense de Mercedes y medios locales se jactaron de que la ciudad recibió un reconocimiento como “Ciudad del Árbol”, a pesar de la creciente deforestación ejecutada por la Secretaría de Servicios Públicos. Sin embargo, el premio responde más a una estrategia de marketing que a una política ambiental genuina.

Una ciudad puede cumplir con los requisitos formales del programa Tree Cities of the World, que otorgó el reconocimiento al municipio y, aun así, no mostrar un resultado ambiental acorde o incluso, simultáneamente, deteriorar el entorno, como ocurre en Mercedes.

El reconocimiento, impulsado por la Arbor Day Foundation y la FAO, exige la existencia de una ordenanza de arbolado, un área municipal responsable, presupuesto asignado y algún tipo de planificación o inventario. Con ese esquema administrativo, una ciudad puede calificar.

Pero ese cumplimiento técnico no garantiza una política ambiental efectiva. En la práctica, pueden registrarse talas que superan ampliamente la reposición, plantaciones de especies inadecuadas que no prosperan, podas agresivas y falta de mantenimiento. El resultado es evidente: mientras en los papeles hay gestión, en el territorio se deterioran la masa arbórea y la calidad ambiental. Cumplir con los requisitos no equivale a cuidar los árboles.

A esto se suma un segundo problema: el uso político del reconocimiento. El sello de Tree Cities of the World se convierte en una herramienta de marketing institucional, utilizada para proyectar una imagen “verde”, reforzar la reputación pública o neutralizar críticas. Sin embargo, esa narrativa entra en tensión cuando convive con talas masivas, conflictos vecinales y escasa transparencia en la gestión.

La contradicción se vuelve visible cuando la comunicación oficial enfatiza distinciones internacionales, pero evita brindar explicaciones técnicas sobre las intervenciones en el arbolado. En esos casos, el reconocimiento deja de ser un indicador de política ambiental y pasa a funcionar como un recurso discursivo.

En definitiva, el programa valida la existencia de una estructura de gestión, no los resultados concretos. Por eso, la Municipalidad de Mercedes puede cumplir formalmente mientras falla en términos ambientales, o utilizar la distinción como respaldo simbólico sin que refleje lo que ocurre en la calle.