Mercedes: por trabas en atención, ya hay un servicio privado para conseguir turnos en el hospital Dubarry
La ciudad bonaerense de Mercedes arrastra fallas estructurales en casi todas sus áreas, pero la salud pública destaca por el nivel de abandono. En el hospital Blas L. Dubarry, las guardias ya no garantizan cobertura médica las 24 horas. Conseguir un turno se ha convertido en una carrera absurda: solo se otorgan en un breve lapso de la madrugada, nunca para el mismo día y sin posibilidad de gestión durante el resto de la jornada.
El sistema es tan restrictivo como ineficiente. Los vecinos deben hacer fila de madrugada para acceder a un número limitado de turnos. Incluso quienes cumplen con ese requisito quedan, muchas veces, afuera debido al cupo limitado. La escena se repite cada día: personas enfermas obligadas a competir entre sí por un lugar en la lista, bajo condiciones que rozan lo indigno.
En este contexto, surgió un mercado paralelo (y necesario). Una vecina, identificada como Micaela Díaz, ofrece gestionar turnos a terceros. Se presenta en el hospital desde las 4 de la mañana para intentar conseguir atención a quienes no pueden atravesar ese filtro excluyente. Su actividad no es una solución ideal: es la consecuencia directa de un sistema que dejó de funcionar.
Díaz anuncia su disponibilidad entre las 4 y las 8 de la mañana, cubriendo una necesidad que debería estar garantizada por el Estado. Lo que debería ser un derecho básico termina dependiendo de intermediarios informales.
La responsabilidad es concreta. La Dirección del hospital, encabezada por Walter Crema y Martín Avalle, sostiene un esquema que, lejos de ordenar la demanda, desalienta el acceso. Las trabas no parecen un error: funcionan como mecanismo de exclusión. En Mercedes, enfermarse no solo implica un problema de salud, sino también someterse a un sistema que empuja a los vecinos a resignarse o a pagar por lo que debería ser gratuito.

