Mercedes: En el feudo de Wado de Pedro, ningún opositor se atreve a presentar propuestas anticorrupción
Desde hace más de una década, la ciudad bonaerense de Mercedes —territorio político del ministro del Interior Eduardo “Wado” de Pedro y bastión declarado del kirchnerismo— vive una situación anómala para cualquier democracia: carece de oposición real.
Los partidos que, en teoría, deberían fiscalizar y confrontar al poder local, han sido gradualmente cooptados o neutralizados por militantes de La Cámpora, en un esquema político que asegura la impunidad y bloquea cualquier intento de control.
En Juntos por el Cambio, el liderazgo recayó durante años en Evangelina Cabral, expresidenta del Concejo Deliberante, señalada por el Tribunal de Cuentas como partícipe necesaria en un caso de robo de fondos públicos que derivó en sanciones contra el intendente Juan Ustarroz y varios de sus principales funcionarios.
La Unión Cívica Radical local, por su parte, terminó por un tiempo bajo la conducción del massista Juan Manuel Navarro —militante del exintendente massista Carlos Selva—, al que se sumaron dirigentes alineados con Ustarroz, como Débora Lacasa y Aida Laporta, cuyo hijo es actualmente concejal del kirchnerismo.
Con igual destreza, La Cámpora intervino desde el inicio en la construcción local de La Libertad Avanza, primero a través de Mauricio Pollacchi, viejo compañero de clases de Ustarroz, y en la actualidad con Rafael Velásquez, reconocido militante camporista con causas judiciales por usurpación.
Este control transversal ha convertido a Mercedes en una zona franca para la corrupción, sin voces opositoras dispuestas a denunciarla. Más aún: las pocas veces que figuras como Cabral, Lacasa, Pollacchi o Velásquez se han referido públicamente a la gestión municipal, lo han hecho para elogiarla y negar la existencia de irregularidades (Con la única excepción de un episodio en el que Débora Lacasa presentó pruebas de corrupción y luego se retractó, alegando haberse equivocado).
El resultado es un Concejo Deliberante reducido a una escribanía del poder, cuya única función práctica es aprobar desembolsos y partidas que jamás se detallan, porque ningún concejal exige la rendición de cuentas. Las denuncias de corrupción municipal desaparecieron de la agenda hace ya más de diez años.
Incluso los partidos que aparentan conservar independencia de La Cámpora, como Potencia, dirigido localmente por Carlos Mosso, o Vecinos x Mercedes, encabezado por Bernardo Zubeldía, han evitado formular propuestas concretas contra la corrupción o señalar con claridad a los responsables. Prefieren refugiarse en discursos armoniosos y ambiguos, incapaces de llamar “delincuentes” a quienes saquean las arcas públicas.
La ausencia total de predisposición para enfrentar al oficialismo y la sumisión abierta a La Cámpora no solo consolidan la impunidad, sino que amenazan con aumentar el desinterés ciudadano por el voto en las próximas elecciones municipales. En Mercedes, el problema no es solo quién gobierna: es que nadie se atreve a gobernar contra ellos.
