Kirchnerismo festeja coimas de Karina, pero el audio también expone coimas durante el gobierno de Fernández
El reciente escándalo en la Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), desatado por un audio filtrado del funcionario Diego Spagnuolo, dejó al descubierto un esquema de cobro de coimas para acceder a licitaciones. En el audio, Spagnuolo afirma: “Antes era 5% y ahora 8%, o sea que son más chorros que los K”.
Esa frase pasó inadvertida para muchos, pero es clave: no solo revela la continuidad del sistema de corrupción en la ANDIS, sino que además reconoce que ya existía durante el gobierno de Alberto Fernández, cuando el soborno exigido era del 5%. Pese a que el kirchnerismo buscó presentar el caso como un problema exclusivo de la gestión actual, nadie desmintió la veracidad del audio, que valida que las coimas también se cobraban en la administración anterior.
Mientras dirigentes peronistas celebran el golpe político contra el oficialismo de Javier Milei, parecen haber olvidado que este mecanismo no nació ahora: fue heredado del gobierno kirchnerista, y en lugar de ser desmantelado, la gestión actual lo incorporó como un negocio propio.
El escándalo de Spagnuolo tampoco es un hecho aislado. Días antes, el intendente de Mercedes, Juan Ustarroz, junto al juez federal Elpidio Portocarrero Tezanos Pinto, quedaron expuestos por intentar encubrir un fraude de USD 1.000 millones con fondos de la ANDIS a través de pensiones injustificadas. La trama se agrava con el rol del fiscal Franco Picardi, estrechamente vinculado a Gerónimo Ustarroz —hermano del intendente—, que realizó allanamientos dirigidos con una velocidad sin precedentes, más aún sorprendente la velocidad que mostró el juez Casanello, históricamente apodado “Tortuga”.
El caso evidencia que la corrupción en la Agencia Nacional de Discapacidad atraviesa gobiernos y gestiones, con funcionarios del kirchnerismo y del oficialismo actual beneficiándose de un esquema que, lejos de desaparecer, parece consolidarse como un negocio intocable dentro del Estado.
A la gravedad de los hechos se suma que, en el afán de despegar al gobierno del escándalo, los mileistas están dispuestos a callar sobre las coimas durante el kirchnerismo.